El anciano lo había olvidado todo. No recordaba su nombre ni su historia. Sabía que había algo importante… pero era incapaz de recordar el qué. Un grupo de personas entraron a la sala donde estaba. Uno de ellos le puso un aparato en la cabeza. De repente el anciano comenzó a escuchar una hermosa música. La melodía tenía algo de familiar. Poco a poco, el anciano tuvo la sensación de estar viajando a un lugar conocido. Fue entonces cuando la vió. Su esposa, con aquel hermoso vestido que tanto le gustaba, se acercó a él. Sin mediar palabras, comenzaron a bailar con aquel ritmo. De algún modo la música había sido capaz de encontrar aquel bello recuerdo que el alzheimer había escondido.
En este blog tengo la intención de publicar los micro relatos que yo escriba. No tengo pensado enfocarme en ningún público específico, sólo en aquel que disfrute de mis historias. La finalidad de este blog es de mero entreteniento. Instagram: https://www.instagram.com/relatos_de_poca_tinta/?hl=es
sábado, 28 de noviembre de 2020
martes, 10 de noviembre de 2020
El monstruo:
El niño estaba escondido debajo de la mesa. Su madre estaba siendo atacada por el monstruo. El niño quería hacer algo, pero tenía miedo, sentía impotencia. No era la primera vez que ocurría, de hecho llevaba años pasando. Antes al menos el monstruo venía solo cuando ya era tarde, pero desde el confinamiento pasaba todo el día en casa, por lo que cada cierto tiempo ocurría esa escena. Cada cierto tiempo el niño se tenía que esconder bajo la mesa de aquel monstruo que atacaba a su madre. Cada cierto tiempo el niño tenía que esconderse de su propio padre.
El pintor ciego:
Hace ya años que perdí la vista por aquella cruel enfermedad. Si algo aprendí de ello es la ironía del destino, pues sólo en un chiste de humor negro un pintor perdería la vista. Posiblemente lo que más me afectó fue el ya no poder dibujar, algo que había estado presente en mi vida desde siempre. No hay nada más duro que perder algo que siempre ha estado allí, al punto que ha pasado a formar parte de ti. Sin embargo, hay algo que sí que aprendí de esta experiencia, y es apreciar lo que se tiene. Es curioso cómo los seres humanos solo sabemos apreciar lo imprescindible hasta que lo perdemos. Yo recibí tarde esa enseñanza, pues poco le queda por apreciar a este solitario y viejo artista. Por ello, mi consejo hacia cualquiera que esté dispuesto a escucharlo es apreciar todo lo que se tiene como si fuera a desaparecer en el siguiente instante, pues nunca sabes si de verdad lo hará.