lunes, 6 de julio de 2020

La aldea y el dragón:

Todos en la aldea sabían de aquel dragón que llevaba aterrorizándoles  desde antes de que los más viejos nacieran. Era una gigantesca bestia de escamas verdes y aliento ardiente  que rugía a todo a quien veía. Todos llevaban horcas, hoces o cualquier otro objeto para poder defenderse del dragón cuando este atacara. En cuanto le veían le amenazaban y gritaban, con lo que habían logrado evitar cualquier daño, pues el dragón nunca se había atrevido a luchar. Un día, un joven de la aldea decidió demostrar su valor, e ignorando toda advertencia, partió a la montaña del dragón. Nada le sorprendió más que llegar y observar al reptil asustado de él. En vista de la situación decidió preguntar porque siempre atacaba a los aldeanos. El dragón respondió “nunca he querido haceros daño. Mis rujidos no son amenazas, sino gritos de miedo ante vuestras armas”.


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