miércoles, 22 de julio de 2020

La maleta:

Hay quien ve el ser una maleta como algo aburrido, sin embargo nada más lejos de la realidad. Cuando el jefe sale de viaje siempre voy con él, recibiendo la importante tarea de proteger sus pertenencias. Ninguno de sus otros objetos tiene tal honor. La confianza que el jefe deposita en mí es inigualable, y fuera modestia, bien merecida. Llevo años sirviendo con mis mejores esfuerzos. Es un orgullo decir que soy insustituible, pues mientras que el jefe tiene varias chaquetas, camisas o pares de zapatos, yo soy su única y confiable maleta. Nada me halaga más que su cariño, notable en la delicadeza con la que trata mi piel de cuero y con la que abre mis cierres. Pero eso no es lo mejor del trabajo, hay mucho por lo que vale la pena ser la maleta del jefe. Al acompañarle a todos sus viajes, que no son pocos, no paro de ver sitios nuevos, en compañía de mis camaradas. Estos no son siempre los mismos, mas hay algunos que casi siempre me acompañan, como su hermosa americana azul marino con la que tantas risas he compartida o sus negros zapatos, también expertos en viajes. Hay compañeros ocasionales, alguno de sus libros, que saben contar historias como nadie, o los periódicos que siempre compra y que están enterados de toda noticia. No podría haberme imaginado una mejor vida que la ser de la maleta del jefe.


Con este relato participo en uno de los retos de Cea correcciones. Pongo el enlace por si a alguien le interesa.

https://www.ceacorrecciones.es/retos


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