Me senté delante de mi cena de Navidad. Era un insípido plato de sopa y un trozo de filete que había sobrado de la comida. Desde luego era mediocre para la ocasión, aunque dado que iba a disfrutarla solo tampoco le di mucha importancia. Mucha gente me había preguntado si no me molestaba no juntarme con la familia. A mí, personalmente, me da absolutamente igual. En ocasiones hablamos con mucha alegría sobre reunirnos con la familia en la Navidad, pero olvidamos que es algo que podemos hacer todo el año. Si de verdad amas a alguien, tendrás ganas de verle todos los días, no solo una noche. Si de verdad amas a alguien, contendrás las ganas cuando sea necesario.
No hay comentarios:
Publicar un comentario