La criatura sobrevolaba el bosque con sus negras alas. Observó hasta los más mínimos detalles, y hasta estos lograron impresionarla de alguna forma, precisamente por su simpleza. Su mirada curiosa no tardó en posarse sobre una familia de ciervos. Todos eran hermosos a su manera, desde las bellas crías hasta los majestuosos adultos. La criatura pasó horas contemplando el milagro de la vida. Cada mínima acción de los animales captaba su interés. La escena rebosaba tranquilidad, y duró un largo período de tiempo. Sin embargo, dicha calma acabó cuando una flecha sobrevoló el campo. Los cazadores dispararon sin cesar. La mayoría de ciervos escapó, pero uno recibió un letal impacto. La criatura sintió pena, aunque era lo natural. No podía ni debía luchar contra eso, y ni los cazadores tenían la responsabilidad de esa muerte, pues en eso consistía su tarea. Lo único que pudo hacer la criatura fue recoger la inocente alma con un frío abrazo. No solía hacerlo personalmente, pero a la muerte le gustaba recoger las almas si podía.
De los 3 microrrelatos este es mi favorito.Tu escritura es precisa, directa y te trasporta de inmediato al escenario. En estos precisos momentos en que me cuesta concentrarme estos microrrelatos son un soplo de aire fresco. No me voy a perder ninguno. Enhorabuena.
ResponderEliminarGracias por tu comentario, Gloria. Me alegra que te gusten mis relatos, espero que los siguientes también.
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