martes, 26 de mayo de 2020

La caída del tirano:

Aquel país estaba gobernado por un vil tirano que era la maldad personificada. Sus súbditos se enfrentaban a impuestos abusivos y a leyes injustas. Todo el pueblo detestaba a ese dictador que disfrutaba de sus penurias. Nadie sabía cómo podía alguien ser tan perverso.  Algunos decían que pactaba con el mismísimo diablo, otros que era el diablo quien pactaba con él, pero los más sensatos razonaban que el diablo tenía miedo de aquel hombre. 

Un día apareció un peculiar viajero que pidió audiencia con el tirano. Éste, pensando que el desconocido sería algún embajador extranjero, aceptó. Sin embargo, el extraño no habló de ningún mensaje de otro país.

En cambio, le dijo al rey: “Esa crueldad de la que tan orgulloso estás será tu ruina, estás a tiempo de arrepentirte ahora o hacerlo más tarde. Pero te advierto de que si escoges la segunda opción todo esto se volverá  en tu contra”. El tirano se enfureció ante tal insulto y ordenó que encarcelaran al desconocido, quien aceptó la condena con total indiferencia. 

El dictador ignoró el aviso y se olvidó de él durante años. Sin embargo, llegó el día en que la profecía se cumplió. Los habitantes del país, cansados de soportar injusticias, vieron que ya nada tenían que perder, por lo que llevaron a cabo una exitosa rebelión. No tardaron en hacerse con el poder, y entonces desterraron al tirano al más remoto desierto. El único ser vivo que se encontró allí fue al viajero al que había apresado. Su único comentario fue: “Si me hubieras hecho caso cuando pudiste habrías aprendido por las buenas que la maldad siempre tiene castigo”.


No hay comentarios:

Publicar un comentario