El soldado caminó por la ciudad que minutos antes había sido el campo de batalla, arrepentido por todo el daño que había causado. Le habían entrenado para acabar con el enemigo, aquel enemigo que tanto daño le había hecho a su nación y que les habían descrito como monstruos. Pero allí solo había luchado contra otros soldados a quienes les habían dicho lo mismo, y contra inocentes, que no tenían culpa alguna de nada. Le habían hecho luchar batallas inútiles que los dirigentes no querían librar por sí mismos. Todo para defender a una bandera que en ningún momento había sido mancillada.
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