La paloma blanca observó con tristeza como la bomba fue lanzada por la mañana. Las víctimas fueron un grupo de niños que iban a la escuela. Las ambulancias no tardaron en llegar, pero ya era muy tarde para muchos pequeños. Cabría a pensar que semejante atrocidad sería condenada durante años por todo el mundo y que se evitaría por todos los medios que volviera a ocurrir algo así. Desgraciadamente no era el primero ni el último de los bombardeos a niños que veía la paloma. Solo los que vivían allí eran plenamente consciente de la desgracia que allí ocurría. Para el exterior, el supuesto primer mundo, aquello no eran más que cifras, algo de lo que entristecerse durante unos minutos cuando salía en las noticias, pero nada de lo que preocuparse después. Por supuesto que los responsables de aquel crimen no serían castigados, la venganza tendría como víctimas a otro grupo de civiles, quizás niños. Y así se configuraba un ciclo sin fin en el que víctimas inocentes eran condenadas por el crimen de haber nacido en el lugar equivocado. La paloma de la paz suspiró y se alejó volando, pensando con pena en lo ilógico que era que los seres humanos, la en teoría especie más inteligente del planeta, no hubieran sido capaces nunca de alcanzarla.
Con este relato participo en el reto semanal de legendsfounder (https://www.legendsfounders.com/activity/).
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