El mar observó al barco con enojo. Hasta ese momento les había regalado una marea tranquila para que pudieran viajar sin problemas, y en vez de agradecérselo mancillaban sus aguas. Pescaban y buceaban, como si fueran dueños del lugar. Esto desató la furia del mar, que se agitó produciendo una tormenta que torturó a los desdichados tripulantes. El mar puede ser cruel en su venganza.
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