jueves, 15 de octubre de 2020

La broma:

El señor Burosi observó a uno de sus empleados entrar a su despacho mientras se fumaba su puro de todas las mañanas. El empleado se llamaba Pepe o Pedro, o quizás Paco, al señor Burosi no solía memorizar el nombre de sus empleados. Solo había hecho llamar a aquellos cuya producción no era satisfactoria. En cuanto el trabajador entró le dió la noticia, había sido despedido. El empleado rompió a llorar, dijó que su situación era precaria, que si su producción era mala era por la excesiva cantidad de tiempo que duraba su jornada, que tenía dos hijos a los que ya le costaba mantener con su bajo sueldo… Burosi le echó sin miramientos, a él le daban igual los demás. Se beneficiaba de las guerras, su empresa contaminaba y evitaba impuestos mediante fraude fiscal. Pero todo le daba igual, lo único que importaba era él mismo. En ese momento entró por la puerta una esquelética figura, tapada con una túnica negra como la noche. Del hueco que dejaba su capucha salieron unas tenebrosas palabras: “Paga por tus crímenes”. Ante la horrorosa escena, Burosi sufrió un infarto, allí acabó su historia. La Muerte se quedó unos instantes observando el cuerpo del viejo empresario. En su tiempo libre le gustaba dar un escarmiento a la gente como Burosi, pero siempre se le olvidaba una cosa, los más poderosos eran quienes más temían las bromas de la muerte.

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