La Tierra nunca conoció la alegría, y si alguna vez lo hizo se había olvidado ¿Por qué? Porque estaba sola. Esto podría parecer algo imposible, pues la Tierra estaba en todas partes, y por ende con todo ser vivo. Sin embargo, nadie parecía saber de su existencia, lo cual le resultaba aún más frustrante, teniendo en cuenta lo que ella hacía por todos. Permitía a la gente que cultivaran en ella y que extrajeran minerales de su interior, pero nadie parecía percatarse. A veces se enojaba, y en su furia producía terremotos como venganza. Luego se daba cuenta del daño que había causado y se arrepentía, pero no tenía modo de disculparse. Con el tiempo aprendió a vivir con la melancolía, que desgraciadamente nunca cesó.
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