Como todos los días, me desperté con los primeros rayos de sol. Observé con satisfacción como los cuervos se mantenían a una prudente distancia de los cultivos, lo que significaba que estaba realizando bien mi labor. Entonces pude observar como el maestro se acercaba hacía mí. El maestro era el hombre para el que yo trabajaba. Él era un hombre esforzado, él mismo había cultivado los campos que yo protegía, y no podría estar más orgullosos de ser su socio. Era además una muy buena persona, me cuida bien y de vez en cuando me trae algún regalo. Precisamente hoy veo con gran alegría como trae en sus manos un hermoso sombrero de paja con el que sustituye al viejo que hay en mi cabeza. Después de eso, mi amable maestro se aleja. No podría yo tener un mejor oficio.
En este blog tengo la intención de publicar los micro relatos que yo escriba. No tengo pensado enfocarme en ningún público específico, sólo en aquel que disfrute de mis historias. La finalidad de este blog es de mero entreteniento. Instagram: https://www.instagram.com/relatos_de_poca_tinta/?hl=es
martes, 1 de diciembre de 2020
sábado, 28 de noviembre de 2020
El baile:
El anciano lo había olvidado todo. No recordaba su nombre ni su historia. Sabía que había algo importante… pero era incapaz de recordar el qué. Un grupo de personas entraron a la sala donde estaba. Uno de ellos le puso un aparato en la cabeza. De repente el anciano comenzó a escuchar una hermosa música. La melodía tenía algo de familiar. Poco a poco, el anciano tuvo la sensación de estar viajando a un lugar conocido. Fue entonces cuando la vió. Su esposa, con aquel hermoso vestido que tanto le gustaba, se acercó a él. Sin mediar palabras, comenzaron a bailar con aquel ritmo. De algún modo la música había sido capaz de encontrar aquel bello recuerdo que el alzheimer había escondido.
martes, 10 de noviembre de 2020
El monstruo:
El niño estaba escondido debajo de la mesa. Su madre estaba siendo atacada por el monstruo. El niño quería hacer algo, pero tenía miedo, sentía impotencia. No era la primera vez que ocurría, de hecho llevaba años pasando. Antes al menos el monstruo venía solo cuando ya era tarde, pero desde el confinamiento pasaba todo el día en casa, por lo que cada cierto tiempo ocurría esa escena. Cada cierto tiempo el niño se tenía que esconder bajo la mesa de aquel monstruo que atacaba a su madre. Cada cierto tiempo el niño tenía que esconderse de su propio padre.
El pintor ciego:
Hace ya años que perdí la vista por aquella cruel enfermedad. Si algo aprendí de ello es la ironía del destino, pues sólo en un chiste de humor negro un pintor perdería la vista. Posiblemente lo que más me afectó fue el ya no poder dibujar, algo que había estado presente en mi vida desde siempre. No hay nada más duro que perder algo que siempre ha estado allí, al punto que ha pasado a formar parte de ti. Sin embargo, hay algo que sí que aprendí de esta experiencia, y es apreciar lo que se tiene. Es curioso cómo los seres humanos solo sabemos apreciar lo imprescindible hasta que lo perdemos. Yo recibí tarde esa enseñanza, pues poco le queda por apreciar a este solitario y viejo artista. Por ello, mi consejo hacia cualquiera que esté dispuesto a escucharlo es apreciar todo lo que se tiene como si fuera a desaparecer en el siguiente instante, pues nunca sabes si de verdad lo hará.
viernes, 30 de octubre de 2020
Soy un arma:
Mi dueño me apunta hacia el enemigo. Entre lágrimas, me veo obligado a disparar y matarle. Odio a mi dueño con toda mi alma. Es por su culpa que soy un asesino. Ahora dispara a otro, y a otro, y a otro… Hasta que finalmente llega la peor parte, los niños. Si ninguna compasión mi dueño me apunta hacia un grupo de niños, y aprieta el gatillo. Odio lo que soy, un arma.
jueves, 22 de octubre de 2020
Los cuatro jinetes:
Los cuatro Jinetes del Apocalipsis sembraban el caos a sus anchas. Lideraba el jinete de la conquista a lomos de su caballo blanco y portando un arco dorado. Su semblante recordaba al de un ladrón, desconfiado y de mirada aguda. Después cabalgaba el jinete de la guerra en su corcel rojo como la sangre, al tiempo que blandía su espada de acero. Un gigantesco casco ocultaba por completo su rostro. El tercero era el jinete del hambre, subido a un caballo negro, que era igual de delgado que su maestro, fácilmente confundible con una víbora. Al final, el jinete de la muerte cabalgaba su caballo amarillo. El jinete vestía un singular ropaje similar al que llevaron los médicos de la peste negra, con la diferencia de que era de un impoluto color blanco. Nadie escapaba de los jinetes, que lo destruían todo a su paso, conscientes de que nada podría pararles. Y entonces la paloma blanca se posó delante de ellos. Los cuatro se asustaron y con razón, pues sabían quien era aquel ser. El bello pájaro se convirtió en la figura de un caballero de resplandeciente armadura dorada. Antes de que los jinetes pudieran huir, el guerrero de la paz desenvainó su espada y acabó con los cuatro enemigos sin compasión. Con la tarea completa, se alejó, volando, aunque con tristeza, sabiendo que no tardarían en renacer.
jueves, 15 de octubre de 2020
La broma:
El señor Burosi observó a uno de sus empleados entrar a su despacho mientras se fumaba su puro de todas las mañanas. El empleado se llamaba Pepe o Pedro, o quizás Paco, al señor Burosi no solía memorizar el nombre de sus empleados. Solo había hecho llamar a aquellos cuya producción no era satisfactoria. En cuanto el trabajador entró le dió la noticia, había sido despedido. El empleado rompió a llorar, dijó que su situación era precaria, que si su producción era mala era por la excesiva cantidad de tiempo que duraba su jornada, que tenía dos hijos a los que ya le costaba mantener con su bajo sueldo… Burosi le echó sin miramientos, a él le daban igual los demás. Se beneficiaba de las guerras, su empresa contaminaba y evitaba impuestos mediante fraude fiscal. Pero todo le daba igual, lo único que importaba era él mismo. En ese momento entró por la puerta una esquelética figura, tapada con una túnica negra como la noche. Del hueco que dejaba su capucha salieron unas tenebrosas palabras: “Paga por tus crímenes”. Ante la horrorosa escena, Burosi sufrió un infarto, allí acabó su historia. La Muerte se quedó unos instantes observando el cuerpo del viejo empresario. En su tiempo libre le gustaba dar un escarmiento a la gente como Burosi, pero siempre se le olvidaba una cosa, los más poderosos eran quienes más temían las bromas de la muerte.
sábado, 10 de octubre de 2020
Aire:
Libertad, es lo que yo siempre he amado de volar. Los seres terrestres se han de contentar con el suelo, y ni siquiera los humanos pueden lograr esa plenitud con sus estúpidas máquinas. Los animales marinos, al menos, tienen todo el océano para ellos, pero siguen limitándose a nadar. Lo entonces lógico sería pensar que las aves son quienes gozan de la verdadera libertad. Craso error, un pájaro nunca tendrá el tiempo para recorrer todo el mundo. Ese privilegio solo me corresponde a mí, el viento.
Agua:
El mar observó al barco con enojo. Hasta ese momento les había regalado una marea tranquila para que pudieran viajar sin problemas, y en vez de agradecérselo mancillaban sus aguas. Pescaban y buceaban, como si fueran dueños del lugar. Esto desató la furia del mar, que se agitó produciendo una tormenta que torturó a los desdichados tripulantes. El mar puede ser cruel en su venganza.
Tierra:
La Tierra nunca conoció la alegría, y si alguna vez lo hizo se había olvidado ¿Por qué? Porque estaba sola. Esto podría parecer algo imposible, pues la Tierra estaba en todas partes, y por ende con todo ser vivo. Sin embargo, nadie parecía saber de su existencia, lo cual le resultaba aún más frustrante, teniendo en cuenta lo que ella hacía por todos. Permitía a la gente que cultivaran en ella y que extrajeran minerales de su interior, pero nadie parecía percatarse. A veces se enojaba, y en su furia producía terremotos como venganza. Luego se daba cuenta del daño que había causado y se arrepentía, pero no tenía modo de disculparse. Con el tiempo aprendió a vivir con la melancolía, que desgraciadamente nunca cesó.
viernes, 18 de septiembre de 2020
Fuego:
Las llamas ya habían devorado todo el bosque, y ahora comenzaban a calcinar el pueblo. Los vecinos huían despavoridos del incendio, todos salvo un niño. El infante se plantó delante del fuego, y le preguntó “¿Por qué eres malo?” El fuego respondió “¿Cuántas veces os he ayudado a calentar la comida o a libraros del frío? En realidad no soy ni malo ni bueno, pues yo no escojo para que soy usado. Si hay un villano en este escenario es quien me ha encendido”.
lunes, 14 de septiembre de 2020
Secretos:
Cuando el anciano escuchó entrar a los intrusos supo que estaba perdido. Observó ese pequeño baúl donde guardaba su mayor tesoro, a sabiendas de que no podría hacer nada para defenderlo. Había hecho lo imposible para proteger aquella valiosa pertenencia a sabiendas de que una vez fuera descubierta lo perdería todo. Pero al final todos esos esfuerzos iban a dar igual. El contenido del baúl le iba a ser arrebatado. Lo último que hizo el anciano antes de que entraran a su habitación fue abrir la caja, su conciencia, para contemplar por última vez su gran secreto, sus pecados.
sábado, 12 de septiembre de 2020
Máscaras:
Ya hacía décadas desde que las máscaras se habían popularizado, y ya no había quien no las usara. Todo empezó con el auge de las redes sociales. Estas habían nacido con el fin de que la gente pudiera compartir su vida con un grupo de seguidores. Sin embargo, muchos comenzaron a obsesionarse con no ser lo suficientemente interesantes para sus seguidores. Las máscaras no solo te dan una cara nueva, cambian tu personalidad y ocultan quién eres. Lo que nació como una forma de ganar seguidores acabó por convertirse en parte de nuestra vida. Ahora todos la llevan, tanto en las redes como en la vida real. Los criminales ahora pueden campar a sus anchas, ya que un cambio de máscara es suficiente como para limpiar cualquier pista sobre ellos. Ya no existen los amigos, es imposible saber de quién fiarse. Los bulos corren como la pólvora, por las facilidades para mentir. Las máscaras nos han quitado la seguridad, la amistad y la verdad, pero, por encima de todo, nos han quitado nuestra identidad.
Utopía:
Hace ya tanto de la última guerra que ya nos hemos olvidado del significado de esa palabra. De hecho, solo sabemos de ellas por los antiguos escritos, donde se mencionan en varias ocasiones. Pero lo único que sabemos de ellas es que eran sucesos de larga duración en las que se implicaban varias facciones. De esa palabra sí que hemos podido adivinar su resultado. Aparentemente, en la antigüedad las personas se dividían en naciones, y cada individuo vivía en una en concreto. Lo que no hemos llegado a entender es por qué se dividían. El sistema actual se basa en la colaboración, gracias al trabajo conjunto de todo el mundo se han hecho grandes descubrimientos. Dicen que es posible que este sistema no se aplicara en el pasado por una falta de igualdad, obviamente necesaria para colaborar. He oído que los humanos de antes tenían distintas oportunidades según las circunstancias en las que nacieran. Esto sí que me chocó mucho, me parece ilógico perder grandes mentes de esa manera. Existen otros muchos conceptos extraños, como “crimen”, “pobreza” o “violencia”, cuyos significados aún no han sido descubiertos ¡qué raras eran las personas antes!
Oro:
Todo el barrio se reía de aquella anciana que trabajaba su huerto día y noche, pero que no conseguía resultado alguno debido a su avanzada edad. “¿Por qué sigues esforzándote? ¡Tan solo pierdes el tiempo!” le decían. Sin embargo la anciana ignoraba todas las críticas y seguía trabajando en el huerto.
Un día estaba intentando arar la tierra mientras los vecinos se mofaban. Pero las risas se transformaron en asombro cuando la señora se agachó y cogió un anillo de oro del suelo. Poco después encontró otro igual. Entonces, ella se dirigió a sus vecinos y dijo “Yo ya estoy cansada, pero podéis seguir buscando vosotros”. En unos minutos el huerto estaba lleno de gente removiendo la tierra. Mas pasaban las horas y no aparecía hallazgo alguno. Cuando anochecía los vecinos le preguntaron a la anciana por qué no habían encontrado nada, a lo que esta respondió “Quizás no hayáis tenido suerte, pero yo me he encontrado con mi huerto completamente arado ¡y para ello solo he tenido que esconder dos anillos!” Acto seguido comenzó a esparcir semillas ante sus atónitos vecinos.
jueves, 3 de septiembre de 2020
La mosca:
No hay palabras para describir el exquisito banquete del que disfruté ese día. Una deliciosa manzana podrida se había caído al suelo, y todas las moscas pudimos degustar tan maravilloso plato. Ya estábamos terminando el manjar cuando un titán se acercó a nosotros ¡Nuestro día de suerte! Primero una grandiosa comida y luego una tarea de investigación. Las más intrépidas nos dirigimos a curiosear a aquel extraño ser. Realizamos mil y una acrobacias para ver qué secretos descubríamos. El titán nos saludó con la mano (aunque podría haber tenido más cuidado, ya que casi nos golpeó a más de una), indicándonos que podíamos curiosear todo lo que quisiéramos. Tras un buen rato, el titán se metió en un palacio, y salió con un extraño aparato del que salía un gas de muy mal olor. Si bien tuvimos que irnos por aquel apestoso aire, pudimos descubrir uno de los estrafalarios inventos de los titanes ¡Cómo aprovechamos ese día!
jueves, 27 de agosto de 2020
Orgullo triste:
Como todo buen padre, viendo a mi hija en su boda me embargaba un sentimiento de orgullo y felicidad. Aunque a este también le acompañaba una sensación de tristeza. Puede que fuera por la melancolía que me producía que mi hija había crecido y no volvería a sentarse junto a mí para que le contara un cuento como hacía antaño. Puede que fuera por miedo a que el novio no cumpliera y mi niña acabara con el corazón destrozado. Puede que se debiera a que yo ya había abandonado este mundo hacía años. No creo que fuera esto último, porque aún en la muerte yo siempre estaré con ella.
domingo, 23 de agosto de 2020
Piedras:
“¿Por qué debería alguien preocuparse de una piedra?” te preguntarás. Probablemente cuando veas una piedra en un camino la ignores completamente. Piénsalo así: ¿Qué cosas habrán pasado alrededor de esa piedra? Quizás haya habido batallas, peleas, historias de amor felices o infelices. Quizás esa piedra haya cambiado la historia de alguna forma, para bien o para mal ¿Cómo lo podemos saber nosotros? Probablemente no podamos saberlo nunca, tan sólo preguntárnoslo.
jueves, 20 de agosto de 2020
El jefe:
No niego que mi jefe es un gran hombre, merecedor de su fama. Pero no deja de ser un fastidio que yo siempre sea recordada como su ayudante, y más cuando todos sus logros me los debe a mí. Que nadie me malinterprete, tengo muy buena relación con él y sin él yo tampoco sería mucho. Sin embargo, detesto ser reconocida como “Tizona, la espada del Cid Campeador” ¡cómo si yo fuera de su propiedad!
lunes, 17 de agosto de 2020
La eterna batalla:
Los dos titanes peleaban entre ellos. Uno estaba dirigido por los mayores expertos, entrenados desde jóvenes para esa tarea. Quienes manejaban al otro eran todo lo contrario. No tenían idea alguna de lo que hacían, improvisaban sobre la marcha inventando estrafalarias estrategias. Sin embargo, era este último el que llevaba mayor ventaja, pues cada vez más necios se unían a los quienes ya había, mientras que el grupo de los sabios era cada vez más escaso. Esta era la batalla entre la verdad y la mentira.
viernes, 14 de agosto de 2020
Batallas inútiles:
El soldado caminó por la ciudad que minutos antes había sido el campo de batalla, arrepentido por todo el daño que había causado. Le habían entrenado para acabar con el enemigo, aquel enemigo que tanto daño le había hecho a su nación y que les habían descrito como monstruos. Pero allí solo había luchado contra otros soldados a quienes les habían dicho lo mismo, y contra inocentes, que no tenían culpa alguna de nada. Le habían hecho luchar batallas inútiles que los dirigentes no querían librar por sí mismos. Todo para defender a una bandera que en ningún momento había sido mancillada.
martes, 11 de agosto de 2020
El último escritor:
La costumbre de leer ya se había perdido en el siglo XXII. Los libros se veían como un antiguo artefacto inútil y sin valor. Muchos habían sido quemados por promover ideas contrarias a las de los nuevos estados totalitarios. Los líderes de estos proclamaban con orgullo que los escritores había sido erradicados, marcando el fin de los libros. Pero se equivocaban. Existía aún un último escritor que había dedicado su vida a salvar libros y a aprender de ellos. Con los conocimientos adquiridos de estas lecturas preparaba su propia novela, con la esencia de todos los escritores, que sería tan perfecta que volvería a traer el interés por la lectura y acabaría con todas las leyes en contra de esta. Y lo conseguiría.
domingo, 9 de agosto de 2020
Condena de inocentes:
La paloma blanca observó con tristeza como la bomba fue lanzada por la mañana. Las víctimas fueron un grupo de niños que iban a la escuela. Las ambulancias no tardaron en llegar, pero ya era muy tarde para muchos pequeños. Cabría a pensar que semejante atrocidad sería condenada durante años por todo el mundo y que se evitaría por todos los medios que volviera a ocurrir algo así. Desgraciadamente no era el primero ni el último de los bombardeos a niños que veía la paloma. Solo los que vivían allí eran plenamente consciente de la desgracia que allí ocurría. Para el exterior, el supuesto primer mundo, aquello no eran más que cifras, algo de lo que entristecerse durante unos minutos cuando salía en las noticias, pero nada de lo que preocuparse después. Por supuesto que los responsables de aquel crimen no serían castigados, la venganza tendría como víctimas a otro grupo de civiles, quizás niños. Y así se configuraba un ciclo sin fin en el que víctimas inocentes eran condenadas por el crimen de haber nacido en el lugar equivocado. La paloma de la paz suspiró y se alejó volando, pensando con pena en lo ilógico que era que los seres humanos, la en teoría especie más inteligente del planeta, no hubieran sido capaces nunca de alcanzarla.
Con este relato participo en el reto semanal de legendsfounder (https://www.legendsfounders.com/activity/).
El martirio de San Lorenzo:
En unas horas San Lorenzo sería martirizado. Había humillado a los Romanos. Cuando se le había exigido entregar las riquezas de la Iglesia, él simplemente llamó a todos los necesitados a quienes había ayudado y que para él valían más que todo el oro. Por semejante mofa se le impuesto de castigo morir en una parrilla. Se esperaría que estuviera asustado, pero el santo no mostraba preocupación alguna. Cuando un guardia le preguntó si tenía miedo, San Lorenzo simplemente dijo “Ni el más mínimo, pues seré recordado como un santo por mis buenos actos, en mi nombre se celebraran fiestas, a vosotros en cambio se os tendrá como mis verdugos, un muy dudoso honor”.
Con este relato me gustaría celebrar la fiesta de San Lorenzo, que por razones obvias en este año está siendo bastante distinta.
viernes, 7 de agosto de 2020
El vagabundo:
En medio de la oscura noche, el vagabundo recorría las estrechas calles de la ciudad. Miraba con envidia a los clientes que cenaban cómodamente en las terrazas de los restaurantes. Observó a un par de personas peleando, presumiblemente por alguna estupidez, lo que le causó al vagabundo una sensación de tristeza. ¿Acaso no eran conscientes de la buena vida que podrían disfrutar si ellos no crearan sus propios problemas? De repente el vagabundo oyó a un vehículo a toda velocidad que le habría atropellado de no ser por su rápida reacción. Sin embargo el susto duró poco, pues un pequeño niño llamó al vagabundo, que acudió alegremente al reclamo. Siempre había alguien dispuesto a jugar con un perro callejero.
miércoles, 5 de agosto de 2020
Afrodita:
Afrodita, la diosa del amor, tejía aquel complicado hilo rojo que conectaba a las personas. Con ese hilo, ella tenía el poder de escoger quien debía amar a quien. Un poder capaz de hacer estragos, ya pocas veces decidía que el amor fuera correspondido, y con el que Afrodita se divertía. Las penurias que pasaban los mortales amando a quien no les buscaban era el principal disfrute de la cruel diosa. Y luego decían que Hades era el más malvado...
domingo, 2 de agosto de 2020
La secuoya:
viernes, 31 de julio de 2020
Peones:
El soldado observó a esas dos figuras que estaban en el campo de batalla. Entre ellas había un innegable contraste, pero al mismo tiempo parecían similares en todo. La primera irradiaba una luz dorada, en su espalda había unas alas de ángel. Iba vestida con una túnica blanca y una máscara veneciana del mismo color que tan solo dejaba visible una parte de su rostro que, sin embargo, resaltaba por su increíble belleza. La otra, en cambio, emitía una siniestra oscuridad que hacía más difícil distinguirla. Una larga capa negra la cubría completamente haciendo imposible ver sus rasgos. La vida y la muerte se encontraban tranquilamente sentadas, disputando una partida de ajedrez como dos viejas amigas, ignorando todo a su alrededor.
El soldado se acercó a la mesa donde estaba el tablero, fijándose en las peculiaridades de aquel juego. Todas las piezas eran peones, y todas eran del mismo color blanco. Las reglas básicas del ajedrez eran inútiles con aquellas piezas.
El soldado no tardó en darse cuenta de cómo funcionaba esa extraña variante. Cuando era el turno de la vida, está movía todos los peones una posición. Al acabar su jugada siempre había varios peones que pudieran ser comidos por otros. Luego le tocaba a la muerte. Tras observar con atención todas sus opciones, escogía unos cuantos de los peones amenazados y hacía el movimiento final. Después cogía la figura que había comido y la frotaba, cambiando su color al negro, y la guardaba bajo su capa. En el momento exacto en que la muerte cogía una de las piezas, el soldado sintió como si una cuerda que le ataba se cortaba. Habían matado a su peón. Tranquilamente, el soldado se sentó junto a la muerte, esperando pacientemente que acabara la partida para irse con ella.
sábado, 25 de julio de 2020
El malvado del cuento:
miércoles, 22 de julio de 2020
La maleta:
Hay quien ve el ser una maleta como algo aburrido, sin embargo nada más lejos de la realidad. Cuando el jefe sale de viaje siempre voy con él, recibiendo la importante tarea de proteger sus pertenencias. Ninguno de sus otros objetos tiene tal honor. La confianza que el jefe deposita en mí es inigualable, y fuera modestia, bien merecida. Llevo años sirviendo con mis mejores esfuerzos. Es un orgullo decir que soy insustituible, pues mientras que el jefe tiene varias chaquetas, camisas o pares de zapatos, yo soy su única y confiable maleta. Nada me halaga más que su cariño, notable en la delicadeza con la que trata mi piel de cuero y con la que abre mis cierres. Pero eso no es lo mejor del trabajo, hay mucho por lo que vale la pena ser la maleta del jefe. Al acompañarle a todos sus viajes, que no son pocos, no paro de ver sitios nuevos, en compañía de mis camaradas. Estos no son siempre los mismos, mas hay algunos que casi siempre me acompañan, como su hermosa americana azul marino con la que tantas risas he compartida o sus negros zapatos, también expertos en viajes. Hay compañeros ocasionales, alguno de sus libros, que saben contar historias como nadie, o los periódicos que siempre compra y que están enterados de toda noticia. No podría haberme imaginado una mejor vida que la ser de la maleta del jefe.
Con este relato participo en uno de los retos de Cea correcciones. Pongo el enlace por si a alguien le interesa.
https://www.ceacorrecciones.es/retos
sábado, 18 de julio de 2020
El escritor de sueños:
sábado, 11 de julio de 2020
El viajero:
lunes, 6 de julio de 2020
La aldea y el dragón:
Todos en la aldea sabían de aquel dragón que llevaba aterrorizándoles desde antes de que los más viejos nacieran. Era una gigantesca bestia de escamas verdes y aliento ardiente que rugía a todo a quien veía. Todos llevaban horcas, hoces o cualquier otro objeto para poder defenderse del dragón cuando este atacara. En cuanto le veían le amenazaban y gritaban, con lo que habían logrado evitar cualquier daño, pues el dragón nunca se había atrevido a luchar. Un día, un joven de la aldea decidió demostrar su valor, e ignorando toda advertencia, partió a la montaña del dragón. Nada le sorprendió más que llegar y observar al reptil asustado de él. En vista de la situación decidió preguntar porque siempre atacaba a los aldeanos. El dragón respondió “nunca he querido haceros daño. Mis rujidos no son amenazas, sino gritos de miedo ante vuestras armas”.